Evaluación de la Inocuidad en Colombia, para los alimentos derivados de cultivos genéticamente modificados (GM) destinados al consumo humano

Por: Adriana Castaño Hernández
Bióloga. M.Sc
Consultora nacional e internacional en OGM

Pese a que existen más de 2000 estudios científicos sobre la inocuidad y seguridad de los cultivos GM y los alimentos que de estos se derivan, que evidencian que no representan una amenaza para la salud humana, preocupaciones e inquietudes al respecto siguen rondando a los consumidores.

Los países han adoptado distintos enfoques legislativos y no legislativos para reglamentar los alimentos obtenidos a partir de Organismos Genéticamente Modificados (OGM), no obstante los criterios que se utilizan para evaluar la inocuidad de estos productos suelen ser coherentes entre países. La evaluación de la inocuidad de los alimentos genéticamente modificados se sitúa dentro del marco establecido para la evaluación de riesgos, y se establecen sistemas de bioseguridad que buscan generar medidas y acciones que se deben tomar para evaluar, evitar, prevenir, mitigar, manejar y/o controlar los posibles riesgos, directos o indirectos, que puedan ocurrir como consecuencia de la investigación, experimentación, introducción, producción, liberación, almacenamiento comercialización, distribución, uso de OGM .

Para que un cultivo Genéticamente Modificado (GM) sea comercializado primero debe pasar por una evaluación de riesgos que establezca su inocuidad alimentaria y seguridad ambiental, la cual es rigurosa y se ha  desarrollado, no  porque se crea que presentan  riesgos, sino para responder a las preocupaciones de los consumidores frente al desarrollo y uso de nuevos productos y tecnologías, y se fundamenta en los criterios desarrollados y aceptados por organizaciones internacionales de amplio reconocimiento. La Organización Mundial de la Salud -OMS- ha reconocido que estos alimentos para llegar al mercado han superado una serie de controles de calidad y seguridad que muchos alimentos convencionales no los superarían, son incluso más seguros que los tradicionales que llegan al mercado.

Colombia fue uno de los países líderes en la formulación y negociación del Protocolo de Cartagena sobre seguridad de la biotecnología, y a la fecha sigue destacándose en el escenario internacional por su sólido sistema de bioseguridad. El Gobierno de Colombia ha demostrado su interés y compromiso con los aspectos de bioseguridad puesto que ha venido implementando medidas desde 1991, muy anterior al Protocolo de Cartagena.

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El país cuenta con normatividad específica para bioseguridad de OGM y sus productos derivados para producción de alimentos para el consumo humano desde 1996 a través reglamentación expedida  por el Ministerio de Salud y aplicada por el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos -INVIMA-, y para las áreas agrícola y pecuaria desde 1998; el marco legal vigente en bioseguridad se deriva en gran medida de legislaciones sectoriales pre-existentes principalmente en ambiente, salud y agricultura.

Tras la ratificación del Protocolo de Cartagena por el país en el año 2002 (Ley 740), se consideró necesaria la redefinición de la estructura del Sistema Nacional de Bioseguridad y las medidas para la implementación del mismo. En el 2005, se expide el Decreto 4525 que estableció la reglamentación marco para los OGM en relación con: las autoridades competentes, la autorización para desarrollar actividades con OGM, la evaluación y gestión de riesgos, la creación de los Comités Técnicos Nacionales de Bioseguridad (sectoriales), monitoreo y vigilancia, información, educación e investigación. Con base en los estudios científicos presentados por el desarrollar de una tecnología, el Comité Técnico Nacional de Bioseguridad de OGM de uso en salud y alimentación humana (CTNSalud) emite un concepto de recomendación que es puesto a consideración del Ministro quien expide o no el acto administrativo que autoriza o no el uso de un OGM como materia prima para la elaboración de alimentos para el consumo humano.

El procedimiento acogido en la regulación colombiana para establecer la inocuidad de los alimentos derivados de OGM es similar al que se sigue en otros países, acorde con los lineamientos establecidos en el Protocolo de Cartagena (Art. 11, Anexo II) y el Codex Alimentarius, de obligatorio cumplimiento para éste caso en el país (CAC/GL44-2003, CAC/GL45-2003),  y con el marco normativo de alimentos vigente en Colombia.

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El esquema normativo y de evaluación de riesgos seguido por el CTNSalud se fundamenta en los criterios desarrollados y aceptados por organizaciones internacionales que se resumen en el recuadro. El concepto de equivalencia sustancial es parte esencial del marco de evaluación del riesgo de los alimentos derivados de OGM, basado en la idea de que existen alimentos que sirven como base para comparar las propiedades del OGM con una contraparte apropiada basada en su historial de uso seguro, y reconociendo que los alimentos y cultivos per se pueden contener muchos anti-nutrientes y tóxicos, los cuales a ciertos niveles de concentración pueden causar daños a la salud humana.

Colombia tiene una alta capacidad institucional, reconocida en el contexto internacional, fortalecida con dos laboratorios de detección y monitoreo; uno en cabeza del INVIMA, y otro en conjunto del Instituto Colombiano Agropecuario ICA y el Instituto Humboldt, en representación de las autoridades ambiental y agropecuaria. En los cuales se adelantan acciones de monitoreo, vigilancia y control, investigación, y se presta apoyo a otros países como es el caso del Ecuador a través de los análisis que realiza en laboratorio de Detección del INVIMA.

A lo anterior se suma que se cuenta con una reglamentación para el etiquetados de los alimentos derivados de OGM y la identificación de materias primas, vigente desde el año 2011 (Resolución 4254 de 2011), el cual se basa en el etiquetado de las diferencias que se generan por la modificación genética y que han sido determinadas en la evaluación del riesgo, que no representan un riesgo para la salud humana y para las cuales se ha determinado que no son sustancialmente equivalentes a su contraparte convencional con historia de uso seguro. Haciendo un reconocimiento del Sistema Nacional de Bioseguridad con que cuenta el país y que da soporte a que se autoriza la puesta en el mercado de un OGM previo análisis del riesgo.

A la fecha y resultado del sistema de inocuidad que involucra la evaluación del riesgo, hay en Colombia aprobados para el consumo humano más de 60 eventos de transformación genética de maíz, algodón, soya, remolacha azucarera, trigo y arroz para su uso como materias primas en la fabricación de alimentos, y cerca de 104.000 ha sembradas de maíz, algodón y flores.

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El consenso científico es que los alimentos derivados de cultivos transgénicos son seguros y que no se ha documentado ningún caso de efectos adversos en la salud en la población humana y a su vez estos cultivos son más amigables con el medio ambiente, algo en lo que coinciden las principales asociaciones científicas, como la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, la Asociación Médica Americana, la Comisión Europea, la Royal Society of Medicine o la Academia Pontificia de las Ciencias, entre otras tantas.

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