Los transgénicos están a la “vuelta de la esquina”

Mientras los grandes productores se preparan para iniciar el proceso de validación en el campo, que permitirá determinar qué variedades de semillas transgénicas pueden usarse en el país, las organizaciones que se oponen a su uso prometen fortalecer su campaña de resistencia para impedir que Nicaragua se abra al uso de esa tecnología. Por su parte, algunos investigadores consideran indispensable el uso de estas semillas para seguir siendo competitivos en los mercados.

“Aquí la ley está aprobada desde hace varios años y lo que falta es el reglamento que es en lo que estamos trabajando… entonces lo que se va a hacer es comenzar a validar ciertas variedades. Se harán parcelas demostrativas para determinar cuál es la que mejor se adapta (a las condiciones de clima y suelo de cada zona del país)”, sostiene Michael Healy, presidente de la Unión de Productores Agropecuarios de Nicaragua (Upanic).

Según Healy, se encuentran “en la fase final de negociaciones” con el Gobierno para establecer la fecha de inicio de este proceso que tomará aproximadamente dos años, y que una vez concluido dará paso al uso de semillas genéticamente modificadas en la producción comercial de maíz amarillo y soya que estarán destinados exclusivamente al consumo animal, y en el caso de la soya también a mejorar la calidad del suelo.

Paralelamente al inicio del proceso de validación en el campo, se continuará trabajando en el reglamento de la Ley 705, Ley Sobre Prevención de Riesgos Provenientes de Organismos Vivos Modificados por Medio de Biotecnología Molecular, que fue aprobada el 8 de octubre del 2009. Según Upanic, se están basando en las experiencias con el uso de esta semilla que ya acumulan Honduras, Costa Rica y Cuba. Incluso una delegación público-privada viajó a la isla para conocerlas.

“Hemos pedido que se comience el proceso con riego, en febrero o marzo, para que no tengamos que esperar el inicio de la temporada lluviosa hasta mediados del año. Empezaríamos con maíz amarillo y soya que son los que más nos interesan. Todavía no sabemos qué áreas vamos a establecer, pero son parcelas pequeñas en diferentes zonas del país”, expone Healy.

Casi dos años de espera

Desde el 2015 Upanic solicitó al Gobierno el aval para “probar” estas semillas y pese a las constantes gestiones, no habían logrado el aval que esperan recibir en los próximos días, dado que incluso ya comenzaron a entregar los nombres de las fincas y el tamaño de las parcelas que planean establecer en cada una.

Y mientras ellos solo esperan esa última autorización, para traer del exterior las variedades que validarán, oficialmente la única referencia al tema se conoció en el programa de Políticas y Proyectos de Desarrollo para Potenciar al Inversión para el periodo de gobierno 2017-2021, que el Gobierno presentó el año pasado.

Entre las políticas para el crecimiento del sector agropecuario se contempla: estudiar la incorporación de productos transgénicos en soya, maíz y sorgo. Sin embargo, de acuerdo con la información científica aún no existen variedades de sorgo genéticamente modificado.

En tanto, la Alianza Semillas de Identidad y sus redes socias, que en conjunto aglutinan a unas 35,000 familias de pequeños productores, no tienen información sobre el aval que habrían recibido los transgénicos en el país y continúa rechazando su uso.

Mantienen rechazo

“Nos oponemos a la introducción de cultivos transgénicos, sea para el comercio, experimentos o distribución en situaciones de emergencias alimentaria. Se cumplieron veinte años de distribución de cultivos transgénicos y según estudios internacionales no han demostrado mayor productividad ni rendimiento en comparación con los cultivos convencionales o híbridos”, afirma el coordinador de la alianza, Harold Calvo Reyes.

Adelanta que alertarán al Gobierno para que no “compre esa falsa propaganda de los transgénicos” y considera que es “preciso que las empresas que los producen definan responsabilidades por el incalculable daño al medioambiente, la agricultura familiar y a la biodiversidad que provocan”.

Entre estos daños la alianza señala la contaminación de las variedades criollas mediante la polinización a través del viento. “La introducción de maíz amarillo perjudicaría al maíz criollo y nativo, se ha demostrado que se puede contaminar a un kilómetros de distancia mediante la polinización con el viento. En el caso de la soya no es restauradora de suelo”, afirma Calvo.

Y añade que “en Estados Unidos muchos productores están usando cultivos de cobertura después de cultivar soya, porque el manejo de esta requiere maquinarias que compactan y pulverizan el suelo haciéndolo más susceptibles a los vientos y la erosión eólica”.

Según Calvo, incluso en el “occidente de Nicaragua miles de productores que cultivaban soya la abandonaron porque los suelos están pobres debido a que la mecanización pulveriza los nódulos fijadores de nitrógeno, entonces el cultivo no puede jugar un papel importante en la restauración de suelos”.

Alianza solo ve negocio

La alianza mantiene que en Estados Unidos, Argentina y Brasil (con el uso de estas semillas) solo se ha incrementado la dosis requerida de herbicidas, especialmente de uno que es cancerígeno, según la OMS (Organización Mundial de la Salud).

Debido a ello considera que “los transgénicos son un negocio de partida doble para las grandes transnacionales que están viendo mermado el negocio de los agroquímicos, ya que ellas mismas producen y comercializan estas semillas, que solo son usadas en diez de los 170 países del mundo, donde la gran mayoría continúa oponiéndose a su uso, incluso la Unión Europea, con excepción de España”, manifiesta Calvo.

Paul Chavarriaga, investigador de la plataforma de transformación genética y edición de genomas, del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) no cree que el uso de transgénicos ponga en riesgo a las variedades criollas, ya que estas se seguirán cultivando principalmente entre los productores de subsistencia.

También porque estas se guardan en los grandes bancos de germoplasma como los de Perú, México o el del CIAT en donde con solo hacer una solicitud cualquier productor, gremio, institución o gobierno puede recuperarlas. “Además, si Nicaragua quiere hacer mejoramiento o hacer biotecnología para producir transgénicos es bueno empezar con las semillas que ya están adaptadas en el país, aunque también existe la opción de probar las que se hacen en otros países”, explica Chavarriaga.

Healy también niega estas afirmaciones y asegura que con el uso de esta tecnología buscan garantizar dos cosas: el incremento de la productividad y la resistencia a la sequía, plagas, enfermedades y ciertos herbicidas.

Buscan competitividad

Estos aspectos son fundamentales para mantenerse competitivos en el mercado, porque en pocos años concluirá el proceso de desgravación del DR-Cafta (Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica, Estados Unidos y República Dominicana), lo que permitirá el libre ingreso de maíz amarillo, sorgo y muchos otros productos procedentes de Estados Unidos que tienen niveles de productividad superiores de los locales, por lo que sería casi imposible competir con ellos.

En cambio con estas semillas se podrían cosechar localmente estos productos y obtener la misma calidad y rendimientos que los que se traen de Estados Unidos, e incluso a menores costos porque se ahorrarían hasta tres dólares por quintal que se deben invertir en trasladar el producto hacia Nicaragua. Además, eso reduciría el déficit comercial porque ya no se invertiría en traerlos del exterior.

Chavarriaga advierte que si los países quieren competir en los mercados internacionales, principalmente de maíz y soya deben usar estas semillas, ya que de no hacerlo la competencia será muy alta, difícil y dispareja.

“Hoy en día la gran mayoría del maíz y soya que se produce en América es modificada genéticamente y contiene varias características, entre ellas la resistencia a algunos insectos, la tolerancia a algunos herbicidas y más recientemente algunas que se van a liberar tendrán características que tienen que ver con el mejor uso del agua y de los fertilizantes que se les aplican”, explica Chavarriaga vía telefónica desde la sede del CIAT en Colombia.

Debido a los beneficios que proporcionarán las semillas transgénicas, a los países que no se abran al desarrollo de este tipo de agricultura les será muy difícil competir en los mercados, advierte el investigador y añade que la única forma de saber si son buenas o no es probándolas.

Para adaptarse al cambio climático

“Argentina, Canadá, Brasil y Estados Unido llevan mucho tiempo usándolas y les ha traído beneficios. Para saber si serán igualmente de beneficiosas para Nicaragua requiere probarlas, adivinando será muy difícil”, sostiene el investigador.

Chavarriaga también recuerda que las condiciones climáticas están cambiando y el uso de la tecnología está tratando de encontrar la forma de responder con nuevas variedades a los desafíos de deficiencia de agua o resistencia a nuevas plagas. “Y para enfrentar esto necesitamos de la tecnología porque no siempre las plantas convencionales tienen toda la resistencia y ahí es donde se tiene que buscar en genes de otras plantas”, explica el investigador.

En cuanto al precio todos los entrevistados coinciden en que es “muy alto”. Para Calvo este es otro obstáculo para que lleguen a los productores locales, pero Chavarriaga considera que este no debe ser motivo “para cerrarles la puerta a estas semillas” porque se pueden importar y hasta crear localmente pese a la poca investigación que se haga en el país, ya que se puede empezar en las universidades con la creación de híbridos.

“Si Nicaragua se cierra al uso de los transgénicos, no le estará cerrando únicamente la entrada a las grandes empresas que vendan estas semillas sino también al desarrollo a los locales, y al final a la multinacional eso no le importará ya que se irá a otro país a vender millones y al final el que perderá más será Nicaragua que habrá impedido el desarrollo de la investigación y tendrá que comer lo que se traiga de afuera”.En tanto Upanic afina los detalles para iniciar un proceso que admite debe realizarse bajo condiciones estrictas establecidas por las autoridades.

Invitar a todos

Paul Chavarriaga, investigador de la plataforma de transformación genética y edición de genomas, del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), aconseja a los sectores productivos interesados en usar las semillas transgénicas que inviten a los que se oponen para que “vean que ese no es un monstruo, que sigan de cerca el proceso y confirmen que da buenos resultados”.

Desde hace más de treinta años la plataforma del CIAT se dedica a investigar las características de las plantas y utiliza las técnicas de modificación genética y edición de genomas para introducir en las plantas características de resistencia a plagas y alternativas de almidón en el caso de la yuca.

“Nuestro rol es ofrecer otra herramienta a los mejoradores y a los investigadores que se preocupan por la resistencia a enfermedades, la calidad nutricional y la respuesta de las plantas al cambio climático. No necesariamente terminamos un producto”, explica Chavarriaga.

 

Información de La Prensa Nicaragua

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s