Pedimos revocar la decisión 1356 del Parlamento Andino sobre los transgénicos.

Solicitamos que la Decisión del Parlamento Andino sea revocada por carecer de rigor científico y sin soporte técnico y que limita a agricultores, consumidores e investigadores de la región al acceso a herramientas biotecnológicas innovadoras con beneficios y seguridad demostrados.

Los firmantes de este documento, en nuestra calidad de profesionales, miembros de la academia, centros de investigación e instituciones científicas y de la sociedad civil; pero, ante todo, como ciudadanos pertenecientes a la Comunidad Andina de Naciones (CAN) nos dirigimos a ustedes con el fin de manifestar nuestra profunda preocupación e inconformidad por la DECISIÓN No. 1356 del Parlamento Andino MEDIANTE LA CUAL SE CONSIDERA A LA REGIÓN ANDINA LIBRE DE SEMILLAS Y CULTIVOS TRANSGÉNICOS aprobada por el Parlamento Andino el día 25 de febrero del presente año y publicada en la Gaceta Oficial Marzo de 2016.

De la misma manera exponemos nuestra posición sobre la crucial importancia que tienen los cultivos genéticamente modificados (GM) obtenidos mediante técnicas no tradicionales (cultivos biotecnológicos o transgénicos) para los países en vía de desarrollo y, sobre el derecho fundamental de todos los miembros de la sociedad al acceso a las nuevas tecnologías que buscan contribuir a la seguridad alimentaria y a la calidad de vida de la población global.

Como miembros de la comunidad académica y científica de la CAN es nuestra responsabilidad contribuir a solucionar los problemas relacionados con la alimentación y nutrición, el cambio climático y el crecimiento poblacional, además de proveer y contar con herramientas que le permitan a los países andinos cumplir con los objetivos y metas de desarrollo sostenible 20/30.

La modificación genética busca el desarrollo de nuevas variedades de cultivos que sustentan la alimentación humana y la producción agropecuaria. La humanidad ha venido implementando diferentes tipos de selección y mejoramiento por cerca de 23000 años. Los cultivos GM o transgénicos han demostrado ser una valiosa herramienta para contribuir a la seguridad alimentaria y la sostenibilidad, reducir los impactos negativos de la agricultura, mitigar el impacto ambiental al reducir el uso de algunos insumos en la producción agrícola, aumentar la productividad, mejorar los ingresos de pequeños agricultores, enfrentar los desafíos del cambio climático y aportar en la solución de los problemas nutricionales de la población; entre otros.

De ninguna manera puede ignorarse que desde 2003 en Colombia se siembran, incluso desde antes se importan, se comercializan para consumo y exportan cultivos GM y sus productos; con un total de 118.991 ha sembradas en 2014. El país cuenta con un sólido proceso regulatorio en bioseguridad de OGM, exigente, riguroso y con amplio reconocimiento internacional. La normatividad en bioseguridad de GMO y sus productos derivados para producción de alimentos para consumo humano data desde 1996, y para las áreas agrícola y pecuaria desde 1998. Actualmente se encuentran más de 40 eventos aprobados para el consumo humano y animal, así como 26 para siembra en algodón, maíz, flores y soya.

A nivel mundial se ha estudiado y evaluado muy meticulosamente el impacto ambiental y socioeconómico de los cultivos GM. Miles de estudios científicos demuestran los impactos benéficos de su uso, cuando son bien seleccionados y los caracteres responden a las limitantes de producción y a las condiciones de la región. Después de 20 años de su utilización y consumo, la evidencia científica indica que no se presentan efectos adversos para la salud humana, animal o para el ambiente.

Diversos estudios realizados en Colombia demuestran los beneficios que estos cultivos han traído para el agricultor, como la protección de sus cosechas, la reducción en uso de plaguicidas químicos y en costos de producción, el incremento en rentabilidad y la disminución del impacto ambiental.

Los firmantes de este documento solicitamos que quienes desarrollan las políticas para nuestros países tomen decisiones basadas en criterios y fundamentos científicos. Es muy preocupante que entre los considerandos presentados en la Decisión 1356 se mencionen conceptos y trabajos que han sido cuestionados y descalificados desde hace años por la comunidad científica con argumentos rigurosos y contundentes. Igualmente se indican efectos ambientales nocivos, cuando numerosos estudios científicos muestran precisamente los efectos benéficos en mayor rendimiento, reducción del uso de productos químicos y reducción de gases efecto invernadero, adicionales a los beneficios económicos para el agricultor.

Numerosas instituciones, entre las que cabe resaltar la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización Mundial para la Salud (OMS), la Academia Pontificia de las Ciencias, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), la Agencia para la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) de Estados Unidos, la Academia Americana de las Ciencias, la Sociedad Argentina de Nutrición, la Sociedad Americana de Nutrición y las Academias de Ciencias de diferentes países en todos los continentes, 122 centros de investigación que hacen parte del Consejo Internacional por la Ciencia (ICSU) y científicos a nivel global respaldan la seguridad que provee la tecnología transgénica y sus productos derivados para la salud humana, salud animal y liberación al ambiente (siembra).

La oposición a los cultivos transgénicos ha creado obstáculos a la investigación, innovación y desarrollo (I+D+i), al comercio y, en especial, al crecimiento económico de los países andinos que compiten con un mercado globalizado, según los términos que establece la Organización Mundial del Comercio (OMC) generando mayores retos a la actividad agroindustrial de los países en vía de desarrollo.

No es prudente que personas y organizaciones sigan promoviendo temores y se opongan al uso de una tecnología que cuenta a su favor con amplia evidencia científica y, que ha demostrado beneficios significativos para que los agricultores puedan producir más y mejores alimentos de una forma amigable con el ambiente.

Antes que prohibir el desarrollo, uso y comercialización de semillas y alimentos “transgénicos”, consideramos que se requiere contar y consolidar una regulación basada en el conocimiento científico, que sea rigurosa, sólida, eficiente y oportuna y que garantice el derecho al acceso y empleo de estas tecnologías sin ocasionar efectos adversos. Países como Colombia, además de tener amplia experiencia y reconocimiento internacional en la materia, ha mantenido una posición respetuosa para que el uso de estos materiales sea producto de una decisión informada por parte de quienes quieren hacer uso de ellos. La prohibición del uso de estos materiales va en contravía de lo anterior.

Para finalizar, apelamos a que la evidencia científica sea tenida en cuenta como elemento fundamental para la toma de decisiones sobre todos los temas relacionados con cultivos y semillas transgénicas. Por tanto, solicitamos que la Decisión del Parlamento Andino sea revocada por carecer de rigor científico y sin soporte técnico y que limita a agricultores, consumidores e investigadores de la región al acceso a herramientas biotecnológicas innovadoras con beneficios y seguridad demostrados.

Firma tú también: https://act.myngp.com/Forms/-6727550341658638336

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